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Por: Marina Vela Escandón, Docente Preescolar Juan Bautista Migani
Introducción
En un contexto global marcado por la crisis ambiental, se hace cada vez más urgente formar a las nuevas generaciones en prácticas de cuidado y sostenibilidad del planeta. Las infancias, tradicionalmente vistas como una etapa de preparación para la vida adulta, hoy es reconocida como un momento vital en el que los niños son sujetos de derechos y cuentan con capacidad de agencia, es decir, la posibilidad de actuar, decidir y transformar su entorno. Desde esta perspectiva, los niños no solo aprenden del mundo que les rodea, sino que también participan activamente en su construcción y en la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrentan sus comunidades.
En este marco surge hace más de una década el Club de Niños Cuidadores del Planeta Tierra, una estrategia pedagógica implementada en el nivel preescolar que articula educación ambiental con el fomento de vocaciones científicas. El club se plantea como un espacio lúdico y formativo donde los niños exploran, experimentan, preguntan y proponen acciones concretas para el cuidado de la naturaleza. De esta manera, se reconoce a los niños como cuidadores y científicos en potencia, capaces de generar aprendizajes significativos y comprometerse con su realidad inmediata.

El presente artículo tiene como propósito analizar la experiencia del accionar del club desde el reconocimiento de la agencia infantil y su potencial para fortalecer tanto la conciencia ambiental como el interés científico en la primera infancia. Se presentan las actividades desarrolladas, los hallazgos obtenidos y la reflexión pedagógica que se deriva de este ejercicio, resaltando la importancia de crear espacios provocadores en los que los niños puedan ser protagonistas en la construcción de un futuro más sostenible.
Perspectiva Teórica
Infancia como sujeto de derechos y con capacidad de agencia
La infancia es reconocida actualmente como una etapa en la que los niños poseen voz, participación y poder de transformación en su entorno. La Convención sobre los Derechos del Niño (ONU, 1989) y la legislación colombiana (Ley 1098 de 2006) sustentan el derecho de los niños a ser escuchados y a participar activamente en la sociedad. Autores como James y Prout (1997) plantean que los niños deben ser entendidos como actores sociales con agencia. En educación, Rinaldi (2006), desde la filosofía Reggio Emilia, también resalta a los niños como protagonistas en la construcción del conocimiento.
Educación ambiental en la primera infancia
La educación ambiental en edades tempranas es clave para consolidar actitudes de respeto y responsabilidad hacia la naturaleza. Según Tilbury (1995), la infancia es una etapa privilegiada para sembrar valores ambientales. En América Latina, Sauvé (2004) y Novo (2009) proponen una educación ambiental crítica y participativa que vaya más allá de la transmisión de información, promoviendo la acción y la transformación social.

Vocaciones científicas en la infancia
El pensamiento científico se gesta desde la infancia a través de la curiosidad, el juego y la exploración (Eshach & Fried, 2005; Siraj-Blatchford, 2001). La UNESCO (2017) enfatiza que estimular vocaciones científicas desde edades tempranas es esencial para formar ciudadanos críticos frente a los retos globales.
Estrategias pedagógicas innovadoras: clubes y proyectos de aula
Los clubes y proyectos de aula se han consolidado como espacios pedagógicos que favorecen la autonomía, el aprendizaje colaborativo y la investigación desde la infancia (Trilla, 2009). Experiencias como la de Reggio Emilia (Edwards, Gandini & Forman, 2012) demuestran que los niños, al participar en proyectos colectivos, potencian su capacidad investigativa y expresiva, fortaleciendo así su pensamiento crítico y creativo.
Metodología
La experiencia del Club de Niños Cuidadores del Planeta Tierra se desarrolla en un contexto escolar de educación preescolar, con dos grupos de niños y niñas de cuatro y cinco años. El enfoque metodológico fue cualitativo y participativo, dado que se buscó comprender la manera en que los niños interpretan, participan y actúan frente a los problemas ambientales.
Las estrategias incluyeron:
El proceso de cada actividad se organizó en cuatro etapas: enfocar, explorar, reflexionar y aplicar, lo que permitió mantener una coherencia metodológica cercana a la indagación científica y la apropiación de prácticas sostenibles amables con el planeta.
Resultados y experiencias
El club como semillero de investigación
El club se consolidó como un semillero que potencia vocaciones científicas, al generar espacios donde los niños identificaron problemáticas ambientales y propusieron soluciones. Esto fortaleció su autonomía y participación social.

Líneas de acción para la indagación infantil
Las actividades se estructuraron en tres líneas, las cuales se fueron construyeron a lo largo del proceso luego de diálogos y concertaciones entre los participantes : El entorno y su conservación, la biodiversidad de los seres vivos, La salud y el desarrollo personal. Con base en los siguientes aspectos trasversales.: conocimiento científico del medio, acciones de preservación del entorno y formación en valores de cuidado y sostenibilidad (MEN, 2009).
Agencia infantil y producción literaria
Los niños produjeron cuentos y textos publicados en formatos digitales e impresos, lo que los empoderó como autores y voceros ambientales. La frase de Valery: “soy feliz con el cuento que yo escribí para enseñarle a los otros niños que hay que proteger las mascotas” ilustra cómo los niños ejercen agencia al comunicar aprendizajes a otros.
Experiencias significativas y huellas en la infancia
Acciones como sembrar, construir la pared verde, las huertas en casa y el colegio y participar en campañas de limpieza dejaron huellas emocionales y cognitivas en los niños, asociando la ciencia con experiencias positivas y duraderas. Algunos participantes incluso regresan al club estando en grados superiores, lo que evidencia la permanencia de la motivación científica.
Impacto en escenarios académicos
El club trascendió el ámbito escolar, participando en ferias de ciencia de carácter regional, nacional e internacional. Al igual también se han presentado artículos y ponencias en la academia. Estas exposiciones visibilizaron la capacidad investigativa de los niños y dieron reconocimiento institucional y social a su labor como agentes de cambio.
Discusión
La experiencia confirma los planteamientos de James y Prout (1997) sobre la infancia como sujeto con agencia, al demostrar que los niños pueden identificar problemas ambientales, proponer soluciones y llevarlas a la práctica. Coincide con Sauvé (2004) en la necesidad de una educación ambiental crítica, que no se limite a contenidos, sino que forme ciudadanos activos.
El uso de etapas metodológicas de indagación se alinea con lo señalado por Eshach y Fried (2005) respecto a la importancia de la curiosidad y el juego en la construcción del pensamiento científico. Además, la producción literaria de los niños como recurso pedagógico reafirma lo propuesto por Edwards, Gandini y Forman (2012) en torno a los múltiples lenguajes de la infancia.
La participación en ferias científicas de distintos niveles refuerza lo que la UNESCO (2017) plantea sobre la urgencia de sembrar vocaciones científicas desde edades tempranas y sostenerlas en el tiempo, dando continuidad al interés y a la motivación.
Conclusiones
El Club de Niños Cuidadores del Planeta Tierra demuestra que la infancia es un escenario clave para el desarrollo de la conciencia ambiental y la construcción de vocaciones científicas. Las actividades desarrolladas han permitido a los niños comprender fenómenos, experimentar, proponer soluciones y liderar acciones de cuidado del entorno, ejerciendo su capacidad de agencia.
El club trascendió el aula y alcanzó escenarios regionales, nacionales e internacionales, donde los niños presentaron proyectos en ferias de ciencia, visibilizando su potencial investigativo y reforzando su identidad como cuidadores y científicos en potencia.
En general, el club no solo contribuye a formar ciudadanos críticos y comprometidos con la sostenibilidad, sino que también sienta bases sólidas para el desarrollo de futuras generaciones de científicos.
Finalmente, el recorrido del Club de Niños Cuidadores del Planeta Tierra confirma que cuando se confía en la voz y la acción de los niños, surgen propuestas genuinas y transformadoras para la ciencia y el cuidado ambiental. Cada semilla sembrada, cada cuento escrito y cada proyecto presentado en ferias científicas, son evidencia de que la infancia no es un futuro en espera, sino un presente con poder de agencia, creatividad y compromiso. Reconocer a los niños como cuidadores y científicos en potencia es apostar por una educación que transforma realidades y abre caminos hacia un planeta más sostenible y humano.
Referencias